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Cristo Rey: ¿Y estamos celebrando qué precisamente? (24 de noviembre, 2024)

Hoy estamos celebrando la fiesta de Cristo Rey. Pero, ¿qué estamos celebrando exactamente?

Nuestro salmo ofrece una respuesta: poder. “Más potente que la voz de muchas aguas, / más potente que los rompientes del mar, / más potente es el Señor en las alturas.” Y, bueno, la cuestión de poder es bien presente en las otras lecturas.

Recordemos el contexto de la primera lectura. En una visión Daniel veía cuatro bestias saliendo de un mar turbulento, cada bestia más espantosa que las previas, y la última bestia luchando contra y venciendo al pueblo de Dios. Entonces la llegada del Anciano, con “un hijo de hombre” recibiendo “el poder, la gloria, y el reino.”

Escuchamos el mismo tema en la Revelación: “Jesucristo… tiene autoridad sobre los reyes de la tierra.”

Y en el Evangelio, Pilato ostentando su poder sobre el preso. Si hubiéramos leído un versículo más, habríamos escuchado la réplica de Pilato: “¿Y qué es la verdad?” En el mundo de Pilato, con suficiente poder, la verdad no importa. Y este es el mundo que nos aguarda afuera.

Bueno. Con inmensa gratitud celebramos el poder de nuestro Dios. Sin este poder no hay salida. Entonces, aprovechemos las oportunidades de fortalecer nuestro sentido de su poder, o en estas lecturas o en nuestras experiencias con la grandeza de su creación.

Sin embargo, si estamos celebrando solamente este poder, tenemos un problema. ¿Por qué tenemos que vivir en la parte de Daniel 7 donde la bestia lucha contra y vence al pueblo de Dios y no en la parte donde el poder, la gloria, y el reino de este hijo de hombre es obvio? ¿Por qué tenemos que vivir en el mundo de Pilato donde Pilato tiene la última palabra?

No tengo la respuesta. En las palabras de Dios por Isaías: “mis ideas no son como las de ustedes” (55:8). Pero en nuestros textos sí hay un indicio. La bestia lucha contra el pueblo de Dios. Y ¿qué sabemos de este pueblo de Dios? En la Revelación: “Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados.” ¿Quiénes somos? Amados, pecadores librados. Entonces, aunque podemos hablar—como hablan muchos de los salmos—de los justos y los malos, debemos hablar también de pecadores recibiendo la libertad que Dios ofrece y de pecadores rechazándola. Jesucristo ama a Pedro…y a Pilato. En la primera carta de Pablo a Timoteo: Dios “quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad” (2:4). O, como Jesús ben Sirac lo expresa en Eclesiástico, “El hombre se compadece solo de su prójimo, pero el Señor se compadece de todo ser viviente; él reprende, corrige, enseña, y guía como un pastor a su rebaño” (18:13).

Por eso, el poder de Dios es buenas noticias para nosotros los pecadores porque Dios es—primero—Amor, y emplea su poder con paciencia. Paciencia con nosotros, paciencia con nuestros enemigos. Y quizá—quizá—esta es una parte de la respuesta a nuestra pregunta. ¿Por qué seguimos diciendo “Cristo volverá”? También porque Dios es paciente.

Y si Dios es paciente, que nosotros—pecadores recibiendo la libertad que Dios ofrece—seamos pacientes, compasivos, con nuestros prójimos, también con nuestros enemigos. No como una expresión de resignación o de impotencia, sino porque así se comparta nuestro Dios. ¡Viva Cristo Rey!